La protección natural de la variación genética Picture

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[Traducido por Jose Luis Grasset, Criadero Purrumao.]

Por Per-Erik Sundgren, Dr Agric., Genetica, Suecia. (Email)
(Reproducido con autorización)

Introducción

Los programas para conservar la salud genética en las razas caninas han sido debatidos intensamente en Suecia en relación con el desarrollo de estrategias genéticas específicas de algunas razas. ¿Por qué han llegado a ser necesarias estas estrategias genéticas? En la Naturaleza no existen programas o estrategias de cría para mantener las razas sanas y vitales durante largos períodos de tiempo. La causa de las enfermedades hereditarias -patentes en tantas razas caninas- es que los criadores, por ignorancia o por un tipo de cría radical forzado por distintos tipos de competiciones, han roto las barreras protectoras que la Naturaleza construyó durante millones de años y a través de la selección natural para protegerse de las enfermedades de transmisión genética. ¿Qué clase de barreras necesitamos ahora para protegernos de estos errores?

La célula

El cuerpo de un animal, a pesar de ser una unidad, está compuesto de billones de células. El nexo entre generaciones, sin embargo, es una única célula, la célula del óvulo fertilizado. Así pues, todo el mundo implicado en al cría debería saber al menos algo sobre cómo un óvulo fertilizado se protege contra las enfermedades genéticas.

Los genes, moldes de las proteinas

La función elemental de un gen es servir de molde que la célula utiliza cuando elabora una proteína específica. Hay aproximadamente de 30.000 a 40.000 pares de genes y otros tantos tipos de proteínas que la célula puede elaborar. Todos necesitamos esqueleto, músculos, sistema nervioso, hígado, riñones y el resto de órganos internos. También necesitamos gran cantidad de hormonas, encimas y sustancias receptoras para que nuestros cuerpos funcionen correctamente.

Todo sería muy sencillo si jamás hubiera cambios en el entorno. No serían necesarios los cambios en esos moldes para fabricar proteínas específicas. Sin embargo, todas las especies han de adaptarse a continuas alteraciones en su entorno o para sobrevivir bajo la amenaza de sus depredadores. Para adaptarse a estos cambios, todos los animales deben ser capaces de cambiar sus características físicas y mentales. Por tanto es necesaria cierta flexibilidad en el sistema genético.

A nivel celular, la amenaza de enemigos externos es muy grande. Innumerables microorganismos y virus atacan continuamente nuestro cuerpo. Gracias a la velocidad con que se producen nuevas generaciones de estos organismos, son capaces de cambiar su forma de atacar muchas veces a lo largo de la vida de un mamífero. Para defenderse de estos ataques, cada individuo necesita un sistema defensivo tan único como sea posible, de lo contrario un ataque con éxito sobre un individuo se extendería rápido al resto de la población de esa especie.

El sistema genético está sujeto a tres demandas aparentemente incompatibles:

  1. Estabilidad para garantizar que todos los sistemas de los órganos funcionan correctamente.
  2. Variedad equilibrada de toda la población para hacer posible una adaptación a largo plazo a un entorno cambiante.
  3. Variedad individual para proteger a cada individuo contra enfermedades e infecciones.

Durante los primeros 3 ó 4 millones de años del planeta no hubo formas de vida más complicadas que los organismos unicelulares. Su modo de reproducirse era una sencilla división celular asexual.

La molécula del ADN, el elemento esencial de los genes, es un compuesto químico sorprendentemente estable. Esta molécula se duplica a sí misma antes de que la célula se divida en dos creando así dos células con idéntico ADN. Pero si todas las células obtuvieran genoma idéntico no sería posible la adaptación a los cambios en el entorno. Un cambio repentino de la molécula del ADN o de un simple gen puede causar la muerte de un individuo ya que una proteína vital ya no se podría producir. Así pues, un patrón único de moléculas de ADN o genes tiene serias desventajas para el individuo y para la adaptación a largo plazo de las especies. Sólo los organismos muy simples pueden sobrevivir a semejante falta de variedad.

El sexo y la duplicación del genoma

Tras varios miles de millones de años, la Naturaleza encontró una solución a la vulnerabilidad del sistema de reproducción por división celular. Células con idénticos genomas se unían por parejas para crear una nueva célula. Este nuevo tipo de célula lleva una copia de cada gen. De este modo lleva una copia intacta del plano de la proteína por si el nuevo plano resultante de la unión de las dos células resultara dañado. Este tipo de células se ve mucho menos afectado por el daño a los genes individuales. Normalmente hay un duplicado del gen disponible para garantizar que el tipo de proteína correcto se producirá en cantidad suficiente.

La células con genomas duplicados ya no se pueden reproducir por simple división celular. Para que la cantidad de ADN y por tanto el número de genes sea constante a lo largo de generaciones, la célula tiene que pasar dos fases. En la primera fase se dividen en dos células, cada una con sólo la mitad del ADN. En la siguiente fase, dos de estas células con la mitad del ADN se unen en un proceso de fertilización que produce una nueva célula que una vez más lleva un genoma con duplicados de cada gen.

La solución de la Naturaleza fue crear dos sexos con órganos específicos, ovarios y testículos, donde tiene lugar la reducción del genoma a la mitad de su tamaño al crear los óvulos y espermatozoides. La principal ventaja de disponer de dos sexos es la duplicación de los genes para así evitar el desastre que supondría el daño a los genes únicos.

Un sistema basado en dos sexos tiene otra ventaja importante. Durante la fase en que se crean las células germinales (óvulos y espermatozoides), las moléculas de ADN se entrelazan como largas cuerdas. Como todos sabemos, deshacer una cuerda es una tarea complicada. Este es también el caso de las células, donde los cromosomas emparejados se rompen e intercambian partes unos con otros. Esto se llama un "crossover" o intercambio genético. Gracias a este intercambio genético, en toda especie que dispone de dos sexos se forman nuevas combinaciones de genes en cada generación y para cada individuo. Por tanto, el sexo tiene las funciones de proteger contra el daño a los genes, y de ser la fuente de nueva variedad genética para así facilitar la adaptación necesaria a las condiciones del entorno cambiantes.

Muchos cambios de cromosoma son dañinos, pero no todos. Si hay un cambio menor en la composición de una proteína debido a una mutación (un cambio súbito en un gen), es posible que la nueva proteína tenga éxito a pesar del cambio. En contados casos, la nueva proteína puede suponer ventajas para el animal. Estas ventajas rara vez se muestran inmediatamente, pero pueden aparecer más tarde cuanto se produzcan nuevos intercambios genéticos y recolocaciones de material genético en los cromosomas. En los casos en que estos genes mutados causan un incremento de la vitalidad de los animales, la media de los portadores producirá más descendientes y el gen con ventajas se incorporará en el banco de genes de la raza o especie. En el caso opuesto, cuando los cambios genéticos son negativos, el gen mutado será eliminado rápidamente de la población mediante la selección natural. Una vez más, el principal factor de selección es un cambio en la vitalidad de los animales que en este caso hace que tengan menos descendencia.

La unión del macho a la hembra afecta la reproducción del macho

Millones de años de evolución nos han enseñado que la división de los animales en machos y hembras ha sido indispensable para la creación de los animales más desarrollados. Existe, sin embargo, un problema unido a la manera de reproducirse de los mamíferos bisexuales. La capacidad reproductiva de las hembras está limitada a decenas, en lugar de centenas. Los machos, sin embargo, pueden copular con gran número de hembras y así tener mucha más descendencia que ellas. Semejante comportamiento sexual reintroduce el riesgo de que dos genes con idéntico origen se junten a lo largo de generaciones sucesivas. Por ello el comportamiento sexual de los machos puede romper la protección que produce la estructura duplicada de los genes.

Una vez más, la Naturaleza halló solución al problema creando una unión más o menos fuerte entre el macho y la hembra reproductores. No importa si esta unión es de por vida o solo para un ciclo reproductor, ya que el efecto será el mismo. El límite máximo de la reproducción masculina viene dado por el número de crías que una hembra puede alumbrar y criar. La creación de esa unión macho-hembra es una brillante manera de la Naturaleza de reforzar la protección de la estructura de genes duplicados a pesar de que los machos tienen capacidad de producir un número de descendientes peligrosamente alto.

En Suecia se llama a un macho con exceso de descendencia un "Matador". Matador fue un semental de toro usado intensivamente en el Norte de Suecia. Era portador del gen de la hipoplasia testicular, es decir testículos demasiado pequeños que producen una fertilidad reducida. Debido al uso intensivo de este semental, el gen defectuoso se extendió rápidamente a toda la población bovina local. Finalmente, fueron necesarias varias generaciones de selección para evitar este gen y poder reparar el daño causado por un uso excesivo del que parecía ser un macho de cualidades excepcionales para la cría.

MHC: el carnet de identidad

La cooperación de millones de células en un cuerpo sólo puede tener lugar si hay un modo de que todas las células se identifiquen como miembros de una misma unidad. De otro modo no sería posible identificar a los enemigos y defender el cuerpo contra una invasión de otras células que causen enfermedades o daño al cuerpo. Cada célula del cuerpo necesita un carnet de identidad. El código identificativo de ese carnet debe variar lo menos posible entre células de un mismo animal y al mismo tiempo ser tan exclusivo como sea posible para cada animal.

La Naturaleza solucionó este problema crando un juego especial de genes llamado CMH, que significa Complejo Mayor de Histocompatibilidad. La combinación de genes CMH forma ese "carnet de identidad" único que llevan todas las células de un individuo para hacer posible la cooperación entre ellas sin atacarse mutuamente. Los genes del CMH constituyen la base de nuestro sistema inmunológico y juegan un papel importante en nuestra reproducción.

Los genes del CMH crean proteínas especiales en la superficie de cada célula. La combinación única de estas proteínas forma su identidad, igual para todas las células del individuo. Cada célula puede "leer" ese código de las demás y cooperar con ellas sin riesgo si es igual. Si células con un código diferente penetran el cuerpo son atacadas por células centinela especiales llamadas células T o células asesinas. Las células T se desplazan continuamente en busca de otras células con identidad diferente y las destruyen inmediatamente al localizarlas. La combinación de proteínas CMH y células T es uno de los mecanismos de defensa más importantes contra la invasión de agentes patógenos.

Es evidente que cuanto más único sea el código que lleva el individuo, mejor protegido estará contra enfermedades. Las células patógenas intentarán copiar ese código de identidad para burlar a las células T. Pero aún teniendo éxito, dado que cada individuo lleva su propio código diferente al de los demás, las células patógenas no podrán extenderse fácilmente de un individuo a otro, ya que serán detectadas por el nuevo individuo cuyo código de identidad es de nuevo diferente.

La consecuencia básica de la endogamia es duplicar genes con el mismo origen. Esta duplicidad reducirá inevitablemente el número de genes con diferentes moldes de producción de proteína y reducirá así mismo la variedad de genes del sistema CMH. Al haber un menor número de proteínas disponible, el código de identidad del individuo será menos único y por tanto más fácil de copiar. Por este motivo los individuos con elevada consanguinidad son más susceptibles de contraer enfermedades infecciosas.

Señales olfativas genéticas

La Naturaleza ha creado una protección específica contra las reducciones peligrosas de variedad genética en el sistema CMH. Una vez más, la solución es brillantemente sencilla. Los genes del sistema CMH toman parte en la producción de sustancias olorosas llamadas feromonas. Las feromonas son señales sexuales importantes y hacen posible que los animales "huelan" parte de la configuración genética del CMH de una posible pareja sexual. Se ha demostrado mediante numerosos experimentos que tanto insectos como animales usan las feromonas para evitar aparearse con parientes cercanos que lleven demasiados genes comunes en el sistema CMH. Así, el nexo entre las feromonas y los genes CMH protege la variedad genética del sistema inmunológico. Pero esta protección sólo es efectiva cuando los animales reproductores tienen libre elección de pareja y el número de posibles parejas es lo suficientemente grande. Si el número de posibles parejas es pequeño, las hembras pueden decidir aparearse con machos emparentados de cerca en lugar de no aparearse. Siempre será mejor una progenie con menos posibilidades de éxito que ninguna.

Es importante respetar la decisión de las hembras cuando muestran claramente que no aceptan un macho concreto. Las hembras saben mejor que el criador si el macho es portador de genes CMH que son beneficiosos para su progenie.

Fertilidad y endogamia

La mayoría de criadores es consciente de que la fuerte consanguinidad tiene efectos negativos en cuanto a la viabilidad de las crías, salud y fertilidad. ¿Pero qué tienen en común el sistema inmunológico y la reproducción para que ambos sean sensibles a la endogamia?

El feto está protegido de ser rechazado

Todo el mundo es consciente de los problemas que tiene un receptor de tejido extraño al hacerle un transplante. La razón principal de ese rechazo es que las células del tejido nuevo llevan un código de identificación diferente y por tanto serán atacadas por el sistema inmunológico del receptor para evitar una invasión no deseada de células posiblemente malignas. Cuando se transplantan órganos de un individuo a otro el proceso es más fácil si el código genético del donante es lo más parecido posible al del receptor. Pero incluso en los casos en que donante y receptor son parientes cercanos, es necesario usar citotoxinas para evitar el rechazo del tejido donado.

Los genes de un óvulo fertilizado provienen en un 50% de la madre y otro 50% del padre. Por ello el sistema genético del óvulo fertilizado normalmente se desvía bastante del de la madre. Como consecuencia, el óvulo fertilizado debería ser rechazado por el sistema inmunológico de la madre. De hecho, si no intervinieran otros mecanismos, el embarazo ni siquiera sería posible. Pero de nuevo la Naturaleza ha encontrado una solución. La madre produce un tipo de proteína muy especial para prepararse para el embarazo. Esa proteína tiene la función de proteger al óvulo permanentemente de los ataques del sistema inmunológico de la madre durante todo el embarazo. Un dato interesante es que la cantidad total de tejido fetal, incluyendo la placenta, mantiene una proporción similar al peso de la hembra. Bien podría ser que uno de los mecanismos que desencadenan el parto sea que el total de tejido fetal comienza a exceder la capacidad de protección de esa proteína especial.

La protección del feto tiene un efecto negativo. Una vez el parto ha terminado, la proteína protectora se mantiene en el organismo de la madre otros 2 ó 3 días. Durante este tiempo es extremadamente vulnerable a las infecciones ya que su propio sistema inmunológico esta siendo seriamente mermado por ese resto de proteína protectora. Por ello es necesario que la madre esté en un entorno limpio y seco los días siguientes al parto.

Podría pensarse que los fetos con genes muy similares a los de sus madres, por ejemplo los que poseen mucha endogamia, se beneficiarían de ese parecido genético con su madre. En estos casos debería haber una menor tendencia al rechazo del feto. Pero cuando hay un parecido genético grande entre la madre y el óvulo fertilizado surge otro problema: ¿cómo puede el útero de la madre identificar los óvulos fertilizados como distintos de las otras células de la madre que circulan por su cuerpo? Uno de los prerrequisitos para que el óvulo se adhiera a la pared del útero y se forme la placenta es que el genotipo del óvulo fertilizado sea diferente al de la madre.

Otro riesgo que se corre con el exceso de parecido genético entre la madre y su progenie es que los dolores del parto serán reducidos, causando un parto mucho más prolongado. Por tanto hay una triple ventaja cuando el genotipo del MHC es divergente entre la madre y su progenie: la placenta fetal tendrá una mejor fijación en el útero; el parto será más corto y por tanto menos cansado; y finalmente el nuevo animal tendrá un código identificativo más único que lo hará más viable y menos propenso a contraer enfermedades infecciosas.

Número de cachorros y tamaño de la madre

Una de las consecuencias más fascinantes de que el tejido fetal total tenga una relación cercana al tamaño de la madre es que aquel afecta al tamaño de la camada. Normalmente hay una relación negativa entre el tamaño de la madre y el número de cachorros en la camada, es decir, cuánto mayor sea el tamaño de la madre menor será el número de cachorros por camada. Animales pequeños como los ratones tienden a tener camadas numerosas, mientras que los elefantes sólo dan a luz una cría por embarazo. En el caso de los perros esta regla bastante generalizada se invierte, igual que en el caso de la mayor parte de razas de cerdo doméstico. El motivo parece ser que nuestros esfuerzos como criadores han sido mucho más efectivos a la hora de cambiar el tamaño de los animales adultos que al cambiar el tamaño de los cachorros recién nacidos. Por eso, teniendo la misma proporción de tejido fetal con respecto al tamaño del cuerpo, una hembra de mayor tamaño puede concebir mayor número de cachorros.

Los óvulos y su selección de esperma

¿Hay algún modo de que un óvulo sin fecundar pueda influenciar su variabilidad genética después de ser fertilizado? Cualquiera que haya visto imágenes de un óvulo antes de ser fecundado sabe que éste está rodeado de muchos espermatozoides. No es casualidad o una demostración de la superabundancia de la Naturaleza que se produzcan millones de espermatozoides para fecundar unos pocos óvulos. Esta gran cantidad de espermatozoides garantiza que muchos alcanzarán el óvulo a tiempo para fecundarlo. El código de identidad de las células permitirá que el óvulo seleccione un espermatozoide entre todos los disponibles que sea el que mejor encaje son su propio complejo CMH para producir progenie lo más viable posible.

Puede parecer extraño que un óvulo sin fertilizar sea capaz de escoger el espermatozoide al que permitirá que lo fecunde, pero la fertilización no es un proceso violento por el que el espermatozoide fuerza su entrada en el óvulo. Es la pared celular del óvulo la que debe abrirse para permitir el paso del ADN del espermatozoide al interior del óvulo. Así pues, el óvulo tiene parte activa, y probablemente dominante, en la fecundación. Mecanismos similares de fecundación son conocidos entre las plantas desde hace tiempo. Si el polen de las flores de una planta alcanza los estigmas de las flores de esa misma planta, el tubo del polen no crecerá debido a reacciones químicas que lo bloquean. Así pues, los estigmas de las flores son capaces de identificar el genotipo del polen y evitan la excesiva endogamia y la autofertilización.

El gran número de espermatozoides producido por los mamíferos cumple la misma función que las grandes cantidades de polen producidas por las plantas. Proporciona al óvulo la posibilidad de seleccionar una pareja que produzca progenie con las mayores garantías de viabilidad. La gran cantidad de esperma producida es pues otro de los mecanismos de la Naturaleza para preservar la viabilidad en una raza o especie. El uso de excesiva endogamia, rompe una vez más los mecanismos protectores de la Naturaleza y reduce las posibilidades del óvulo de encontrar el espermatozoide adecuado.

Reducción artificial del número de espermatozoides

Durante mucho tiempo se ha considerado esa gran cantidad de esperma producido como un sobrante sin efecto alguno en la reproducción, y como consecuencia se pensaba que se podía hacer la fertilización más efectiva utilizando simplemente un solo espermatozoide. La gran cantidad de esperma producido en una sola ocasión ciertamente es suficiente para fecundar muchas hembras, y así los machos destacados se pueden usar para producir mucha más progenie de la que nunca producirían en una situación natural.

Cuando se utiliza el método de la fecundación artificial con el ganado, se diluye normalmente el semen en una proporción de 1/100, es decir que el número de esperma se reduce a la centésima parte de lo normal. Aunque semejante reducción puede no tener un efecto dramático a corto plazo, es evidente para cualquiera que piense con claridad que la perspectiva a largo plazo es dañina para la variedad genética y por tanto para la viabilidad de los animales.

En el caso del ser humano, la experimentación ha ido mucho más lejos. Comenzó por la fertilización in vitro. Con este método, igual que con la inseminación, la fertilización en sí es bastante normal a pesar de que el número de espermatozoides se ve reducido. Hoy en día se utiliza lo que se llama micro inyección, proceso que consiste en que el doctor observa a través del microscopio en busca de un espermatozoide viable, o sea uno que nada por ahí y parece alerta. Este espermatozoide se recoge con una micro pipeta que se introduce a la fuerza por la pared del óvulo. Cuando se utiliza este método, el óvulo pierde toda capacidad de seleccionar un espermatozoide que encaje con su propio genotipo para garantizar la mayor viabilidad posible de su progenie.

Que no seamos capaces de detectar inmediatamente o en pocas generaciones efectos negativos serios de semejante transgresión de los mecanismos de seguridad de la Naturaleza no demuestra que la técnica no sea dañina a largo plazo. La evolución trabaja mediante muchos pasos muy cortos, y cada uno de esos pasitos puede parecernos de poca importancia, pero sumados a lo largo de varias generaciones pueden tener efectos profundos en el desarrollo de una raza o especie. Por tanto, basándose la experiencia de unas pocas generaciones, no se puede deducir que anular los mecanismos de seguridad que posee el sistema de fertilización para preservar la variedad genética no sea malo.

Óvulos sobrantes en cada monta

Entre los animales multíparos existe otro mecanismo más sencillo para aumentar la viabilidad entre los recién nacidos: el número de óvulos producidos por la hembra durante el celo es normalmente el doble de los que llegarán a desarrollarse como cachorros. Si la hembra es cubierta durante un momento del celo favorable, todos los óvulos serán fecundados. Pero rara vez hay sitio en los cuernos del útero para todos los óvulos. Surgirá entonces la competencia entre óvulos por un espacio donde adherirse a la pared del útero y comenzar la formación de la placenta. Los óvulos menos viables, por ejemplo aquellos que tienen genes duplicados con efectos negativos ya en fase temprana de desarrollo, perderán esa "lucha". Así pues, los pequeños recién nacidos tiene algo menos de "lastre" genético que llevar. La consanguinidad real es por tanto algo menor que la que se calcula a través de los pedigrís. Este tipo de selección nunca será tan fuerte como la que tiene lugar basada en la producción de millones de espermatozoides, pero garantiza que los genes con efectos negativos graves desde el desarrollo temprano no pueden extenderse fácilmente al resto de la población.

Selección natural

La selección natural o conjunto de fuerzas aplicadas por la Naturaleza para hacer a los individuos tan viables como sea posible, no mantiene la variedad genética en todos los sistemas genéticos. En algunos casos es necesaria la estabilidad genética. Como criaturas vivientes que somos, todos necesitamos pulmones, corazón, estómago, esqueleto, sistema nervioso, cerebro y demás; sería demasiado dañino para el desarrollo de nuestros órganos básicos tener excesiva variedad genética en los sistemas genéticos responsables de su desarrollo.

Lo que en el habla corriente llamamos selección natural es una fuerza cuyo propósito es equilibrar el genoma para darle el mejor efecto combinado sobre la viabilidad. En la naturaleza, una criatura ha de encontrar su sustento, protegerse de enemigos incluyendo microorganismos. También debe adaptarse a factores ambientales como calor o frío, lluvia o falta de disponibilidad regular de agua. Si el individuo ha de tener impacto en el futuro genético de su especie, deberá encontrar pareja con la que aparearse y producir y criar su progenie. En el caso de las hembras, el complicado proceso de la gestación y alumbramiento debe desarrollarse sin problemas. Muchos menos animales de los que la gente se imagina consiguen sobrevivir, en condiciones de selección natural, tiempo suficiente para superar todos esos pasos y aportar algo a las generaciones futuras.

Es importante que cualquier criador de animales comprenda que el principio básico de la selección natural es estabilizar el sistema genético para que sea efectivo en circunstancias de un entorno normal. La lucha por la supervivencia en la naturaleza tiene poco que ver con las luchas entre individuos. Las luchas principales son por la supervivencia y por la reproducción. Sólo aquellos que producen a largo plazo descendencia viable resultan ganadores, y en la naturaleza los individuos extremos no resultan ganadores. Los individuos más prolíficos ganarán la carrera, y estos son los que se han adaptado mejor al entorno presente, es decir los individuos normales más parecidos a la media poblacional. En el caso de que nunca se produjeran cambios en el entorno, la selección natural probablemente se mostraría en forma de una identidad genética muy extendida entre individuos de la misma raza. Pero las circunstancias del entorno están en permanente cambio, y a largo plazo estos cambios pueden ser muy grandes. Las especies que han perdido su variedad genética no son capaces de adaptarse a esos cambios y por tanto su destino último es la extinción. Por esta razón, la Naturaleza siempre tiende a favorecer aquellas especies que tienen la capacidad de mantener la variedad genética necesaria para adaptarse y al mismo tiempo mantiene la estabilidad genética para formar los órganos del cuerpo.

Normalmente hay variedad genética en los sistemas responsables de la forma y tamaño del cuerpo, color, longitud y espesor del manto, y así. Es ventajoso que este tipo de rasgos puedan evolucionar rápidamente si los cambios en el entorno así lo exigen. Otros sistemas genéticos, como los responsables de la reproducción, son más estables. La disponibilidad de alimento, por ejemplo, puede variar bastante de un año a otro, y no sería ventajoso si esto tuviera un efecto genético inmediato de reducción de la capacidad reproductiva.

En la fauna salvaje, la fuerza selectiva en condiciones normales se volcará en la población media -será el individuo más normal el recompensado. Los individuos extremos sólo tienen ventaja cuando el entorno cambia dramáticamente. Si la temperatura bajara radicalmente, como ocurrió hace 65 millones de años, los animales con manto largo y protector podrían tener ventajas de adaptación y así pasar a ser el nuevo centro de la población. Si el cambio fuera lo suficientemente grande, se crearía una nueva especie. En casos en que esos cambios ambientales son demasiado grandes o rápidos, puede darse el caso de que no haya suficientes animales que tengan los genes y características para sobrevivir, y entonces la población entera se extingue. Este ha sido e caso del 98-99% de las especies que han habitado la Tierra.

El estado normal de las cosas en la naturaleza es una selección que contribuye a dar estabilidad, adaptada a los pequeños cambios del entorno. Los cambios de entorno rápidos son poco frecuentes, pero aún así la mayoría de ellos provocan la extinción masiva de especies vivas. La rápida extinción de especies de hoy día, consecuencia de nuestra civilización y su efecto en el entorno, puede servir de ejemplo de la dificultad que tienen las especies para adaptarse a cambios repentinos en sus condiciones de vida.

La selección artificial

La selección artificial es la practicada por el hombre. Cuando se crían animales de granja hay una continua selección en busca de crecimiento más rápido, mayor producción de leche, huevos o carne. Los individuos más extremos son los que ganan la carrera por al supervivencia mientras sean capaces de soportar la carga a que los cambios rápidos les someten. Criar animales de compañía debería ser posible sin semejante ambición por cambiar rápidamente los animales. Sin embargo, para la mayoría de las mascotas, la cría está dominada por las competiciones de belleza y trabajo o la caza. En una competición no hay manera de favorecer al individuo más corriente, como ocurre en la selección natural. En las competiciones, son los individuos más extremos los que triunfan. Con demasiada frecuencia se premian pequeñas diferencias en las características del animal, características que no tienen impacto alguno sobre la salud, o que pueden incluso tener un efecto negativo sobre ésta. De hecho, el tipo de selección artificial que aplicamos a nuestros animales, incluidos los animales de compañía, se parece mucho al tipo de selección natural que tiene lugar durante los cataclismos medioambientales. Son los individuos extremos los principales elegidos para criar. El efecto negativo de semejante política de selección a largo plazo es de sobra conocido. El problema de la cría de mascotas y perros es que la mayoría de criadores no hace planes con más que décadas de previsión en el mejor de los casos, prácticamente nadie cría pensando en el efecto de su labor más allá de esas décadas, y a nadie le preocupan los efectos medidos en términos de la evolución de la especie.

Si queremos criar animales de compañía sanos y vitales hemos de aprender cómo la Naturaleza mantiene la viabilidad de los animales salvajes. Debemos abandonar técnicas de cría que violan invariablemente todos los mecanismos de seguridad que la Naturaleza ha desarrollado. Si no estamos dispuestos a aprender cómo están construidos esos mecanismos de seguridad y cómo usarlos a favor de nuestros animales favoritos, el futuro, tanto de los animales de granja como de nuestras mascotas, será deprimente. Criar no es una cuestión de complicadas teorías genéticas. La Naturaleza no tiene conocimientos teóricos de genética. Criar con éxito, con la intención de producir animales sanos y viables, es cuestión de adoptar y mantener algunos de los muy sencillos principios de selección y cría.

Resumen y algunas consecuencias prácticas

A estas alturas ya debería ser evidente que la principal causa de los defectos genéticos y enfermedades hereditarias en nuestros animales no se debe a una infeliz casualidad. Es la consecuencia directa e inevitable de la falta de conocimiento entre los criadores sobre las leyes básicas de la Naturaleza. No han tenido suficiente conocimiento como para prever las consecuencias de cómo han usado los animales para criar. El impulso principal de estos errores han sido las prácticas equivocadas, concursos y pruebas donde lo deseable eran cambios genéticos rápidos, siendo considerados estos cambios una prioridad muy por encima de la salud y viabilidad de los animales. El sistema de premios que se aplica en las competiciones también ha fomentado que las razas se subdividan en cada vez mayor número de variedades. Esto ha producido inevitablemente un gran número de poblaciones demasiado pequeñas para cualquier tipo de cría adecuada, pues cuando el número de individuos de cría está por debajo de niveles críticos la pérdida de variedad genética es rapidísima. Entonces las enfermedades genéticas pueden ser un problema en tan escaso tiempo como diez generaciones o entre 30 y 50 años. La mayoría de las razas no tienen más antigŁedad de 100 años como razas puras. El creciente problema con las enfermedades genéticas en nuestros animales de compañía es exactamente lo que cabe esperar dado lo que sabemos sobre las prácticas de cría en muchas razas.

Quienes buscan programas de cría avanzados para corregir los problemas genéticos que vemos hoy día están mirando en la dirección equivocada. Deberían primero intentar comprender exactamente qué es lo que se ha hecho mal y empezar a aprender de la Naturaleza cómo los animales se han mantenido viables durante miles de años sin ningún tipo de conocimientos teóricos.

  1. La población debe ser lo suficientemente abundante como para tener y preservar la variedad genética. No hay forma de tener éxito cuando la población reproductora tiene menos de 100 a 150 animales, y el doble sería preferible.
  2. Solo los animales en buena condición física y mental y con todas sus funciones naturales en orden deberían ser usados para criar.
  3. En el caso de criaturas altamente desarrolladas, la regla elemental es que los individuos no deben poder tener más que un número limitado de descendientes en toda su vida.

Esas son las sencillas reglas básicas de la Naturaleza, reglas que, debidamente aplicadas, mantendrán cualquier población de animales sana durante muy largos períodos de tiempo. El único motivo de los desórdenes genéticos en nuestras mascotas y animales es que no hemos sabido tener en cuenta los mecanismos que la selección natural creo para proteger la variedad genética durante millones de años.

Sprötslinge, julio 2006


Per-Erik Sundgren


Per-Erik Sundgren