Omerta: el código de silencio de los criadores Picture

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[Traducido por Jose Luis Grasset, Criadero Purrumao.]

Por Sierra Milton, Stormsong GSPs

Mafia y criadores

¿Qué tienen en común los criadores actuales y la Mafia? Una pregunta extraña, pensará usted. Desgraciadamente, sí tiene algo en común. Es lo que Padgett, un conocido experto en genética, llama el "código de silencio" de los criadores, más comúnmente conocido como "omerta" para la Cosa Nostra. Ambos son silencios mortales. Es fácil entender la conspiración de silencio cuando se trata de criminales, ¿pero qué razónes pueden tener los criadores para practicar la "omerta"?

La razón utilizada con más frecuencia para justificar el no compartir información genética es el miedo a ser víctima de una "caza de brujas". Sin embargo, el verdadero motivo es más profundo. Comienza con el sentido de la propiedad y la necesidad humana de percibir lo propio como lo mejor. Todos queremos lo mejor y la satisfacción que produce ser dueño de lo mejor. Por tanto, admitir que lo que uno posee o ha criado tiene defectos es difícil para la mayoría de la gente. También está en juego la enorme inversión económica y emocional que los criadores hacen con sus perros. Descubrir que los sementales y hembras en los que un criador ha invertido tanto esfuerzo podrían tener defectos es algo que asusta e impide a muchos plantearse la posibilidad de que sus animales tengan defectos de transmisión genética. El ego sumado a la posibilidad de que los demás le tachen a uno de "mal criador" son las principales razones para mantener este funesto código de silencio.

Genes defectuosos

Aún más peligroso que el código de silencio es negarse a considerar la posibilidad de que en un plan de cría haya genes defectuosos que estarán presentes durante generaciones, transmitiéndose silenciosamente por varias líneas de sangre antes de llegar a manifestarse. ¿Es posible que perros aparentemente sanos puedan estar transmitiendo genes peligrosos, incluso mortales, a través de la comunidad de perros de cría hasta que, finalmente, dos perros sanos pero portadores de genes defectuosos se combinen para producir el primer descendiente que manifieste la enfermedad? Por supuesto que lo es, y los expertos en genética no dejan de repetírnoslo una y otra vez.

Simplificando las cosas, los criadores no pueden ver los genes defectuosos y aquello que no se puede ver no debe de existir. Siguiendo esa lógica, todo perro que no sea testado debe de estar tan sano en su interior como vemos reflejado en su aspecto externo. ¡Ojalá ese razonamiento fuera cierto! Por desgracia, se pone mucho más énfasis en la belleza estructural y superficial simplemente porque es más fácil de apreciar, juzgar y conseguir. Y también es algo sin gastos extra: uno no necesita hacer radiografías, o análisis de sangre, o el consejo de especialistas para juzgar el estándar estético de un perro.

El auténtico peligro, sin embargo, no viene de los perros testados, sino de aquellos criadores que mantienen la cabeza enterrada en la tierra negándose a reconocer que sus perros están lejos de ser "perfectos". Podemos arreglar aquello que conocemos, pero lo que permanece escondido siempre será una amenaza para el futuro. Es aquí donde la "omerta", el código de silencio, se hace más evidente. Estos criadores no solo mantienen contra viento y marea que sus perros no pueden estar afectados por defectos genéticos, estructurales o de carácter, si no que también creen que ningún perro que decidan incorporar a su plan de cría cruzándolo con sus perros podrá ser portador de defectos. Después de todo, ellos sólo crían "lo mejor", y por definición, lo mejor ha de ser perfecto.

Éxito en las exposiciones

Es aquí donde ocurre el verdadero crimen. Estos criadores suelen tener mucho éxito en las exposiciones; sus perros se consideran los mejores (por eso tiene sus escarapelas, trofeos y títulos demostrando su calidad). Debido a su éxito en las exposiciones, se les percibe como auténticas autoridades en el mundo de la cría, personas en quienes los menos expertos confían como fuente de información y consejo. Y la información que esos criadores menos expertos reciben es que no hay problemas genéticos de qué preocuparse, que las caras pruebas médicas no son necesarias al estar los perros sanos. Aún más desastroso para los futuros criadores resulta el que este tipo de opiniones empiece a imponerse. Los principiantes ven el éxito de estos criadores y compran sus perros a pesar de que pocos o ninguno han sido testados ni siquiera para las más elementales enfermedades, problemas estructurales o defectos genéticos. Los principiantes entonces se lastran con una inversión emocional y económica que a su vez se sienten obligados a proteger a toda costa, iniciando así un círculo vicioso. En poco tiempo, estas personas que representan el "poder" dentro de una raza (a veces jueces, gente que da conferencias sobre la raza, criadores que piden precios excepcionalmente altos por sus perros, criadores que ganan exposiciones con frecuencia) utilizan dicho poder para asegurarse de que se extienda la noción de que es poco ético hablar de defectos de cualquier tipo en sus perros o en la descendencia de estos. A menudo uno oye comentarios del tipo: "no puedo decir nada si quiero ganar", o "hay tres líneas con epilepsia, pero es mejor que no sepas cuales son". Pero claro que necesitamos saber cuales son esas líneas, ¿cómo si no podremos tomar decisiones acertadas sobre qué perros pueden beneficiar el futuro de la raza si no tenemos en cuenta, además de la belleza estructural, los genes invisibles que intentamos mejorar?

¿Y qué hay de los criadores que hablan abiertamente de los defectos de sus propios perros? Desgraciadamente, con demasiada frecuencia se les clasifica de "malos criadores" y sus perros se consideran "defectuosos". Se les margina y se habla a sus espaldas en tono de burla y desprecio. El mero hecho de intentar compartir abiertamente los datos de sus perros y de hacerles pruebas para comprobar su salud les hace víctimas de cazas de brujas por parte de aquellos que son demasiado tacaños, irresponsables, egoístas o despreocupados por el futuro para testar a sus perros y que no tienen el valor de hablar abiertamente de los problemas de sus animales.

"Malos criadores"

Conforme más principiantes comienzan a criar y a participar en exposiciones, toman como modelo a los criadores que ganan, asociando esas victorias con una calidad superior de los perros ganadores. Así pues los criadores ganadores se atrincheran aún más en su idea de que nada malo sobre sus perros debe salir jamás a la luz pública, lo cual les lleva a autoconvencerse aún más de la perfección de sus animales, aumentando así su interés en perpetuar semejante creencia. Ganar en las exposiciones no tiene nada que ver con la salud genética. De hecho, algunos de los ganadores son portadores de enfermedades genéticas en el mejor de los casos, llegando incluso a padecer dichas enfermedades ellos mismos. Si bien un problema genético por sí mismo, dependiendo de su índole y gravedad, no debería excluir a un perro del banco de genes, sí es imprescindible que la gente sea consciente del problema para poder criar de manera inteligente. Como mínimo, los perros con quienes se cruce a ese perro deberán ser testados y sus antecedentes estudiados con sumo cuidado para limitar al máximo las posibilidades de que la enfermedad afecte a otros perros o les haga transmisores del mismo defecto. Sin embargo, dado que los ganadores no quieren ser tachados de "malos criadores" y perder su aura de ser los mejores (ni tampoco asumir pérdidas económicas por no poder vender sus cachorros o servicio de monta a altos precios), se acogen al "código de silencio" con más firmeza que nunca.

Los principiantes, debido a su deseo de ser aceptados, evitan hablar de los sementales y hembras que son malos reproductores por problemas de estructura, salud o temperamento. Además de su deseo de ser aceptados en el "club de los ganadores", ahora ellos también tienen una inversión económica y emocional que proteger. Puede que incluso lleguen a descubrir problemas en algunas líneas de su mismo pedigrí, pero rehusan reconocerlo y los mantienen en secreto por miedo a ser clasificados como malos criadores.

A menudo los criadores, a pesar de que no reconocen abiertamente los problemas de sus líneas, sí que intentan diluir dichos problemas mediante cruces con líneas totalmente diferentes. Esta es la opinión al respecto del Dr. Jerold Bell. Conocito experto en genética: "los cruces con líneas nuevas repetidos con el fin de diluir los genes recesivos defectuosos no son un método deseable para el control de las enfermedades de transmisión genética. Los genes recesivos no pueden ser diluidos, están presentes o no. Los cruces con otras líneas multiplican y extienden aún más los genes recesivos. Si un perro es portador reconocido o tiene muchas posibilidades de serlo tras el estudio de su pedigrí, puede ser retirado de la cría y sustituido por uno o dos descendientes de calidad. A su vez, esos descendientes deberían ser sustituidos por sus propios descendientes de probada calidad, con la esperanza de que desaparezca el gen defectuoso".

Miedo

Por desgracia, negarse a aceptar su existencia o no realizar pruebas no hace que los defectos genéticos desaparezcan. Aquello que aún no se puede ver sí tiene un impacto enorme sobre la raza, y continuar criando con portadores de genes defectuosos hace que los defectos se fijen con más firmeza aún en los animales. Los criadores que se esfuerzan por criar perros sanos y toman toda precaución que la ciencia pone a su disposición para garantizar la salud genética son marginados precisamente por una dedicación que se merecería alabanzas; sus esfuerzos, en el mejor de los casos se interpretan como triviales, cuando no son ridiculizados como "inútiles" o "alarmantes". Como consecuencia, estos criadores estos criadores trabajan solos y sus actividades tienen poca influencia más allá de su propio criadero.

Solo criadores con suficiente coraje, convicción y pasión como para garantizar que la raza en general se fortalece y sanea son capaces de romper la omerta. Todo club de cría debería dedicarse a alabar a quienes tienen el valor y determinación de hablar abiertamente de la salud, en lugar de organizar cazas de brujas contra quienes se toman la molestia de enfrentarse a los problemas. Debería premiarse la labor de quienes velan por mejorar la salud de la raza, igual que se premia la de quienes tienen los perros más bellos. La belleza y estética no mejoran una raza; la salud genética y la posibilidad de llevar una vida sana y sin molestias superan con mucho a la belleza, pero son mucho más difíciles de conseguir.

El precio

El coste de realizar pruebas genéticas no resulta caro cuando uno considera los efectos que ello tiene sobre la raza. Pregunte a cualquier criador con experiencia cuya raza padece problemas de corazón, cadera, sangre u ojos si no culpa de sus casi insolubles problemas a la falta de previsión y la negativa a gastar dinero en pruebas en el pasado, y es fácil imaginar cual será la respuesta. En el Reino Unido es posible hacer pruebas de cadera, corazón, codo, ojos, sangre y sistema inmunológico por unas 295 libras esterlinas (mucho menos dinero en los EE. UU.), lo cual es mucho menos de lo que cuesta un nuevo cachorro o un servicio de monta. Es posible realizar menos pruebas, ¿pero a qué precio? Padecerá la raza problemas de corazón porque la prueba que había que haber realizado (por unas 7,50 libras, en parte sufragada por el Club del Boxer en este caso concreto) no parecía importante en su día? ¿Estará la raza condenada a años de lucha contra posibles cegueras porque un examen ocular de 16 libras (gratis si se realiza en determinadas instituciones en el Reino Unido) parecía innecesario? Padecerán los descendientes dolores en caderas y codos porque sus antepasados se movían con gracia en el ring y no se veían en ellos signos aparentes de displasia? (las radiografías de cadera y codo sí son pruebas caras, pues en el caso del codo son necesarias 6 radiografías diferentes para hacer una evaluación correcta). Hacer estas pruebas no garantiza que las enfermedades no vayan a aparecer en futuros ejemplares de la raza, pero sí reduce inmensamente las posibilidades de que esto ocurra, lo cual ya es un buen comienzo.

Si un criador no es capaz de demostrar mediante certificados veterinarios que ha realizado dichas pruebas, el comprador debería ser consciente de que asume un gran riesgo. Los criadores pueden aducir que sus perros jamás han cojeado o que las pruebas no son necesarias por estar la raza sana. Algunos incluso dirán que su veterinario les ha dicho que las pruebas no son necesarias. Semejantes argumentos son totalmente irresponsables. Los genes no se pueden ver y perros portadores de genes defectuosos pueden parecer perfectamente sanos a primera vista. Solo mediante las pruebas se puede saber con seguridad si los perros están afectados o no, lo cual sumado a un análisis cuidadoso de los pedigrís, permitirá saber qué perros pueden ser portadores de los defectos.

Romper el silencio

¿Qué hacer para romper este mortal código de silencio? La mayoría, si no todos los clubs de cría, tienen un código ético que exige a los miembros criar perros sanos. Los clubs son el lugar donde empezar. En lugar de ser instituciones sociales o reuniones de viejos amigos, estos clubs deberían empezar a fomentar la protección del futuro de la raza exigiendo que se hagan pruebas genéticas antes de poder criar con los animales. Mucho más grave que criar con una perra de 16 meses es el hecho de hacerlo sin haber realizado previamente todas las pruebas a nuestra disposición para hacer de la salud genética nuestra prioridad. Sin embargo, en muchos clubs se identifica a los "malos criadores" por la edad de sus perros de cría o la frecuencia con que nacen sus camadas, en lugar de usar como criterio las pruebas de salud. ¿Hay algún club que exija que el criador demuestre que hace todo lo que está en su mano para garantizar el futuro de la raza?

Podemos romper el silencio a base de premiar a aquellos con coraje y determinación para hablar de los problemas, capaces de compartir sus éxitos y conocimientos, en lugar de marginarlos. La omerta fracasa si cada comprador de un cachorro y quien contrate una monta exigen ue se les den pruebas de las pruebas genéticas. El código de silencio fracasa cuando somos conscientes de que no es suficiente criar perros ganadores o pedir precios desorbitados por los cachorros o tener un semental que hace 50, 60 o 100 montas; debemos reprimir la pasión con que nos lanzamos al principio a criar nuestra raza favorita y trabajar intensamente y con determinación hacia un futuro en el que el número de enfermedades genéticas se vaya reduciendo cada año.

Si sus conocidos crían sin hacer pruebas a sus perros, pregúntese usted por qué. ¿Es por falta de valor ante la posibilidad de encontrar a un portador entre sus perros de cría? ¿Es por miedo al gasto económico de las pruebas? ¿Realmente creen que sus perros no pueden dejar de ser perfectos? ¿Es por que creen que dejaran de estar entre los mejores criadores si admiten que tienen problemas que necesitan solución? ¿Es por que creen que de otro modo resultaría difícil conseguir perros igual de hermosos? ¿O acaso han perdido la pasión que sentían por la raza al principio, cuando aún estaban en el camino hacia el éxito? ¿O, más triste aún, es porque no les preocupa aquello que no pueden ver?

Mejor futuro

Exige mucho valor y es un trabajo duro el desarrollar un plan de cría utilizando métodos y pruebas científicos, pero la esperanza de un futuro mejor debería guiarnos a todos hacia ese compromiso. La clave está en poder trabajar juntos sin miedo de murmullos a nuestra espalda o silencios. Omerta, el código del silencio, se puede romper si más gente como nosotros no tolera por más tiempo el permanecer callada.


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